jueves, 14 de septiembre de 2017

Microbioma: su impacto en la salud física y mental (Parte 3)

Microbioma: su impacto en la salud física y mental (Parte 3)
Influencia del microbioma en el intestino, en el sistema inmunitario, neuroendócrino, en el cerebro y en la longevidad
Microbioma y trastornos mentales
Por: Miguel Leopoldo Alvarado Saldaña

Microbioma y trastornos mentales
Mientras el mundo moderno se hunde en una epidemia de padecimientos neurológicos y mentales crónicos, investigaciones científicas de vanguardia realizadas en instituciones de prestigio de todo el mundo, han estado revelando que en gran medida la salud del cerebro y su contraparte le enfermedad neurológica, están determinadas por lo que ocurre en nuestro tracto digestivo. Las más recientes investigaciones han confirmado que lo que ocurre en nuestro intestino determinará nuestro riesgo de padecer una serie de trastornos neurológicos y mentales.

Durante las últimas décadas se ha disparado en personas cada vez más jóvenes, incluso niños una creciente epidemia de enfermedades neurológicas como Parkinson, autismo, Alzheimer, trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), migrañas, esclerosis múltiple (EM), demencia senil, esquizofrenia, bipolaridad; así como trastornos del estado de ánimo, como ansiedad, angustia, depresión, paranoia, nerviosismo y agresividad.

En las 10 naciones occidentales más ricas del mundo, la muerte por trastornos neurológicos (en gran medida por demencia) ha aumentado de manera importante durante las últimas 2 décadas. Un trabajo de investigación mostró que desde 1979, las muertes causadas por trastornos neurológicos, se incrementaron en un 66 % en hombres y 92 % en mujeres. Según palabras del autor de este estudio: “Estas estadísticas reflejan una realidad por la que debemos reconocer que existe una epidemia claramente influida por los cambios ambientales y sociales”.

Los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad, los cuales pueden ser igual de incapacitantes que otros trastornos neurológicos, afectan a uno de cada cuatro adultos estadounidenses, más de un 26 % de la población padece algún problema mental diagnosticable.

Los trastornos de ansiedad afectan a más de 40 millones de personas tan solo en Estados Unidos y cerca de un 10 % de la población adulta de este país, padece algún trastorno del estado de ánimo. La depresión que afecta a una de cada 10 personas es en este momento una de las principales causas incapacitantes en todo el mundo y se diagnostican cada vez con mayor frecuencia.

Para el tratamiento de estos padecimientos, se prescriben medicamentos como la fluoxetina, la sertralina, escitalopram y otros, que solo sirven para tratar algunos síntomas y no las causas, las cuales suelen pasarse por alto.

Microbioma, intestino, cerebro, trastornos mentales, calidad y periodo de vida
En promedio, la gente que sufre trastornos mentales serios tales como trastorno bipolar y esquizofrenia, además de disminuir drásticamente su calidad de vida, viven 25 años menos que el resto de la población en general.

Actualmente, los investigadores y los profesionales de la salud no están entrenados para reconocer la influencia que el tracto digestivo ejerce sobre lo que ocurre en el cerebro. Por lo general se cree que “lo que ocurre en el intestino, se queda en el intestino”, postura desvinculada de los hallazgos científicos actuales.

Sin embardo, como producto de numerosas investigaciones se sabe actualmente, que el sistema digestivo se encuentra íntimamente conectado con el cerebro y que quizás el aspecto más importante que vincula los intestinos con el bienestar en general y con la salud mental, es la flora intestinal, esa biomasa de microorganismos que viven adentro de nosotros, especialmente las bacterias.

Psicobióticos
Se ha denominado psicobióticos a las bacterias que han mostrado el potencial para mejorar la salud mental. Se ha demostrado que algunos microorganismos pueden utilizrse para tratar diferentes trastornos mentales. Pero los científicos advierten que esta es una área de estudio aun muy incipiente, porque escasean ensayos con humanos, por lo que es recomendable continuar investigado.

Ahora se sabe ahora que tener un microbioma disfuncional (o disbiosis), podría ser la causa de padecer desde jaquecas, ansiedad e incapacidad para concentrarnos mentalmente, hasta algunos padecimientos graves; y por otra parte, aunque muchos aspectos y factores afectan a nuestro microbioma y como consecuencia a nuestro cerebro, el más importante es nutrir adecuadamente a nuestro microbioma, para que sea saludable y tener por lo tanto una buena salud mental.

En este momento, se cuenta con importantes experiencias con las que se han obtenido mejorías significativas con modificaciones alimenticias, así como con diversas técnicas enfocadas a restablecer las salud del microbioma, especialmente la restauración de la flora intestinal.

Entre los trastornos en los que se ha podido lograr mejorías con una restauración del microbioma se encuentran los siguientes:

·      TDAH: Déficit de Atención e Hiperactividad
·      Asma
·      Autismo
·      Alergias e intolerancias a diversos alimentos
·      Fatiga crónica
·      Trastornos del estado de animo, incluyendo depresión y ansiedad
·      Diabetes y adicción a los carbohidratos
·      Sobre peso y obesidad, así como dificultades para bajar de peso
·      Déficit de memoria
·      Déficit de concentración mental
·      Resfriados, gripes e infecciones frecuentes
·      Trastornos intestinales incluyendo celiaquía síndrome de intestino irritable, enfermedad de Crohn
·      Estreñimiento crónico o diarrea
·      Insomnio
·      Inflamación de las articulaciones y artritis dolorosa
·      Hipertensión
·      Ateroesclerosis y Arterioesclerosis
·      Candidiasis e infecciones por otras levaduras
·      Trastornos de la piel como acné y eccema
·      Mal aliento, enfermedad periodontal y problemas dentales
·      Síndrome de Tourette
·      Trastornos menstruales y menopaúsicos intensos
·      Y otros…

Somos lo que comemos
Hoy en día sabemos que cualquier persona tiene la capacidad de mejorar su salud mediante una dieta saludable. Lo novedoso, es lo que solo recientemente empezamos a conocer y a entender: La salud depende de una manera importante del estado de ese conjunto de microbios que habitan en nosotros (del microbioma) y en especial de los pobladores de nuestro sistema digestivo y a su vez, el estado del microbioma y de la microbiota depende de diversos factores, pero principalmente de lo que comemos. Así es que de tal manera, cualquier persona puede cambiar el estado de su microbioma con elecciones alimenticias adecuadas, utilizando la información actualmente disponible.

Recientemente el Dr. Elessio Fasano, profesor de la facultad de Medicina de Harvard y jefe de la División de Gastroenterología Pediátrica y Nutrición del Hospital General de Massachusetts, reconocido líder de opinión en el campo de la ciencia del microbioma afirmó que sin lugar a dudas “el factor más significativo en relación a la salud y la diversidad del microbioma es la alimentación. Aquello que diariamente nos llevamos a la boca, representa el mayor desafío ambiental para nuestro genoma y para nuestro microbioma”. La noción de que “la comida importa” es fundamental.

Microbioma, inflamación, radicales libres y degeneración cerebral
Los mecanismos clave en la degeneración cerebral son la inflamación crónica y la acción de los radicales libres, estos últimos derivados de la inflamación, pero estos dos mecanismos son fuertemente influidos por la salud intestinal, en especial por el microbioma. De hecho, la flora intestinal, tiene mucho que ver con la inflamación y con la capacidad para combatir a los radicales libres.

La inflamación crónica y el daño causado por los radicales libres, son dos mecanismo patológicos considerados como centrales en el campo de la neurociencia actual, sin embargo, no existe ningún protocolo farmacéutico capaz de igualar los beneficios de un régimen alimenticio enfocado en mejorar las bacterias intestinales.

Por fortuna, afirma el Dr. David Perlmutter, “la comunidad de microbios del intestino, es maravillosamente capaz de rehabilitarse” y añade: cambiar el ecosistema interno de nuestro cuerpo para fomentar el tipo de microbios adecuados puede ayudarnos a cuidar apropiadamente de nuestro cerebro. Este régimen altamente práctico y efectivo, incluye seis elementos esenciales: prebióticos, probióticos, alimentos fermentados, alimentos bajos en carbohidratos, alimentos libres de gluten y grasas saludables.

Bacterias
Los microorganismos denominados bacterias, pueden sobrevivir en diversas condiciones, algunas muy adversas, unas a temperaturas que harían hervir la sangre, otras a temperaturas gélidas, otras más son capaces de soportar niveles de radiaciones que matarían a muchos seres vivos. Su alimento puede ser cualquier cosa, pueden alimentarse de azúcar, de almidón, de luz solar, de azufre o de otras sustancias. Las bacterias fueron las formas de vida que poblaron por primera vez la tierra y es posible que sean las últimas en desaparecer, porque ningún ser vivo puede  existir sin ellas.

Por otra parte, algunas bacterias pueden ser nocivas y causar enfermedades, incluso la muerte; pero otras pueden ayudar a nuestro cuerpo realizar nuestros latidos cardiacos, las exhalaciones, las conexiones neuronales y en si a mantener la vida. Muchas bacterias no solo coexisten con nosotros revistiendo nuestro interior y nuestro exterior, sino que ayudan a nuestro cuerpo a realizar una cantidad inimaginable de funciones necesarias para la supervivencia.

Microbios intestinales
Los expertos estiman que por lo menos unas 10 mil especies distintas de microbios habitan en los intestinos humanos, aunque algunos afirman que esa cifra puede superar las 35 mil especies. Y como ya dijimos, la mayoría de estas especies microbianas son bacterias, aunque en una mucho menor proporción coexisten en esa masa de microbios diversas levaduras, virus, protozoarios y parásitos. Las bacterias sin embargo, son las principales implicadas en participar y colaborar con las funciones digestivas, metabólicas, inmunológicas, defensivas y sobre todo neurológicas.

En conjunto, las bacterias contenidas en los intestinos pesan entre 1.3 y 1.8 kilogramos, más o menos el mismo peso de nuestro cerebro, y de hecho, las bacterias representan la mitad del peso del contenido que se desecha en la heces fecales.

Aunque todo profesional de la salud sabe todo acerca del proceso digestivo y de asimilación, poco se sabia hasta ahora del autentico valor del ecosistema que vive en nuestro tracto digestivo y que básicamente dirige todos los sistemas corporales, como tampoco se sabia del impacto que el ADN de las bacterias intestinales tiene sobre la salud. Siendo así que nuestro microbioma ejerce una función tan vial e importante para la salud como el corazón, los pulmones, el hígado y el cerebro.

Los hallazgos científicos recientes muestran que la flora intestinal realiza las siguientes funciones:

  • Colabora en la digestión y la absorción de los nutrientes.
  • Crea una barrera física contra potenciales invasores como bacterias, virus y parásitos patógenos. Algunas especies de bacterias tienen filamentos que parecen cabello y que ayudan a moverse; pero más aun, se ha demostrado que los flagelos de las bacterias pueden frenar el avance de un letal rotavirus estomacal.
  • Actúa como máquina desintoxicante. Los microbios intestinales intervienen en la prevención de infecciones y fungen como línea de defensa frente a muchas toxinas que logran llegar a los intestinos. De hecho, dado que la flora intestinal neutraliza una buena parte de las toxinas presentes en los alimentos, podría considerarse como un segundo hígado.
  • Influye enormemente en la respuesta del sistema inmune. Contrario a lo que podría pensarse, los intestinos son el órgano más grande del sistema inmune. Así mismo, las bacterias educan y apoyan al sistema inmune al controlar ciertas células inmunitarias y prevenir la autoinmunidad.
  • Producen y liberan enzimas y sustancias importantes que intervienen en los procesos biológicos, así como sustancias químicas benéficas para el cerebro incluyendo vitaminas y neurotransmisores.
  • Ayuda a manejar el estrés gracias al efecto que tiene la flora intestinal en el sistema endócrino.
  • Incluyen en la calidad y cantidad del sueño y del descanso.
  • Ayuda a controlar las respuestas inflamatoria del cuerpo, las cuales a su vez, intervienen en el riesgo de desarrollar casi cualquier enfermedad crónicodegenarativa.
  • Interviene en el riesgo de desarrollar trastornos cerebrales, enfermedades mentales, cáncer de mama, asma, alergias alimenticias, trastornos metabólicos como diabetes y obesidad, enfermedades autoinmunes, y muchos otros diversos problemas de salud.

Algunas bacterias son residentes más o menos permanentes, formando colonias de larga duración. Pero aunque otras solo están de paso, también producen efectos benéficos e  importantes en la salud. Las bacterias pasajeras viajan por el tracto digestivo y dependiendo de su especie y características únicas, influyen de diversas maneras en la salud general del cuerpo. Sin embargo, en lugar de asentarse de forma permanente, establecen colonias pequeñas de corta duración, antes de ser excretadas o morir. Durante esa breve residencia en el intestino realizan un gran número de tareas necesarias, y algunas de las sustancias que secretan son fundamentales para la salud y el bienestar de las bacterias permanentes y a su vez, de la nuestra.

Intestino, microbioma y nervio vago
Los investigadores recientemente han empezado a descubrir y a entender la relación directa, proporcional y bidireccional existente entre el intestino y el cerebro. Así como el cerebro envía señales que producen sensaciones en el intestino, el tracto digestivo puede trasmitir su estado de tranquilidad o de alarma a través del sistema nervioso al cerebro.

El nervio vago (el más largo de los 12 nervios craneales) es el canal primario de trasmisión de información entre los cientos de millones de neuronas del sistema nervioso entérico (que controla el aparato digestivo) y el sistema nervioso central. También conocido como el decimo nervio craneal, el nervio vago se extiende desde el bulbo raquídeo hasta el abdomen y dirige diversos procesos corporales que no controlamos de manera consciente, tales como el mantenimiento del ritmo cardiaco y la digestión. Pues ahora se sabe que las bacterias que habitan en el intestino afectan directamente el estimulo y funcionamiento de las células que componen el nervio vago. De hecho, algunos microorganismos intestinales pueden liberar ciertos mensajes químicos (al igual que las neuronas) los cuales se comunican con el cerebro en sus propios términos a través del nervio vago.

Un segundo cerebro
Cuando pensamos en el sistema nervioso, es probable que imaginemos al cerebro y a la médula espinal, pero es más que únicamente el sistema nervioso central. Es necesario tomar en cuenta el sistema nervioso entérico, el cual es intrínseco al tracto gastrointestinal. Los sistemas nerviosos central y entérico fueron creados a partir del mismo tejido durante el desarrollo embrionario y se encuentran íntimamente conectados a través del nervio vago por el sistema digestivo. De hecho, las neuronas presentes en el sistema digestivo son tan numerosas que muchos científicos empiezan a referirse a ellas como “un segundo cerebro”.

Modificaciones alimenticias para la depresión
Este segundo cerebro, no solo controla y regula los músculos, las células inmunes y las hormonas, sino que también produce una sustancia sumamente importante, la serotonina. Sorprende ahora saber que entre el 80 y 90 % de toda la serotonina del cuerpo, es producida por las neuronas intestinales. De hecho, el cerebro intestinal produce más serotonina que el cerebro que tenemos en el cráneo. Muchos neurólogos y psiquiatras empiezan a darse cuenta de que quizá esta es una razón por la cual los antidepresivos son menos eficaces para tratar la depresión, que las modificaciones alimenticias.

Investigaciones recientes revelan que nuestro segundo cerebro intestinal es capaz de actuar de forma independiente del cerebro craneal y controlar muchas funciones sin ayuda de este último.

Sistema Inmune e inflamación
Aunque otros órganos y sistemas intervienen, es el sistema inmune es el que controla principalmente la inflamación, sin embargo el microbioma regula y guía el sistema inmune y por lo tanto interviene también en la inflamación.

El tracto digestivo cuenta con su propio sistema inmune, denominado “tejido linfoide asociado al intestino” el cual representa entre un 70 y 80 % de todo el sistema inmune del cuerpo humano. Esto dice mucho de la importancia y vulnerabilidad de los intestinos. Si lo que ocurre en ellos no fuera tan importante y fundamental para la vida, la mayor parte del sistema inmune no tendría que estar ahí para protegerlo. La razón por la cual la mayor parte del sistema inmune esta desplegado en los intestinos, es sencilla: la pared intestinal es la frontera con el mundo exterior. Además de la piel, es ahí en donde el cuerpo tiene mayor probabilidad de encontrar materiales y organismos extraños y potencialmente letales.

Además, el sistema inmune del intestino se encuentra en constante comunicación con el resto de las células del sistema inmunológico de todo el cuerpo. Si halla alguna sustancia problemática en los intestinos, alerta al resto del sistema inmune del cuerpo.

Importancia de la pared intestinal
Una clave fundamental de la inmunidad es la importancia de conservar la integridad de la delicada pared intestinal, la cual tiene apenas una célula de grosor. Debe permanecer intacta mientras actúa como conductora de señales entre las bacterias intestinales y las células inmunitarias que se encuentran del otro lado. Las células del sistema inmune, reciben señales enviadas por las bacterias intestinales, las cuales vienen siendo la primera línea de defensa del cuerpo. A su vez, las bacterias intestinales ayudan a que el sistema inmune se mantenga en alerta, aunque no en estado permanente de defensa absoluta, pues lo monitorean y lo van “educando”. Esto permite que el sistema inmune intestinal, no reacciones de forma inapropiada a ciertos alimentos y desencadene respuestas autoinmunes.

Editor en Jefe: 
Miguel Leopoldo Alvarado Saldaña
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