Consecuencias metabólicas de la
alteración funcional del tejido adiposo en el paciente con obesidad
Revista Médica del Hospital General de
México
Vol. 74. Núm. 3.
Páginas 157-165 (Julio 2011)
Artículo escrito por:
José Rolando Flores-Lázaro, (Dirección de
Medicina del Deporte. Departamento de Fisiología, Facultad de Medicina.
Universidad Nacional Autónoma de México, Especialidad en Medicina de la
Actividad Física y Deportiva).
Erika Rodríguez-Martínez, (Programa Integral
de Control de Peso)
Selva Rivas-Arancibia (Departamento de Fisiología,
Facultad de Medicina. Universidad Nacional Autónoma de México)
La obesidad se caracteriza por un exceso de
tejido adiposo corporal; sin embargo, es la alteración funcional del tejido
adiposo y no sólo su acumulación la que juega un papel relevante en esta
patología, cuando el aumento de grasa corporal se debe principalmente a la
hipertrofia y deposito visceral del tejido adiposo, las funciones normales de
regulación metabólica de dicho tejido se modifican provocando alteraciones en
diversos órganos. Las repercusiones metabólicas asociadas a la obesidad están
relacionadas con los siguientes puntos:
1. ¿Cómo se almacena el tejido adiposo
(hipertrofia vs. hiperplasia)?
2. ¿Dónde se almacena (visceral vs. subcutánea)?
3. La comunicación del tejido adiposo con
otros órganos (a través de la secreción de adipocinas y liberación de ácidos
grasos).
Estos mecanismos, sumados a la susceptibilidad
genética del individuo producen estadios que van desde el paciente con obesidad
sin repercusiones metabólicas aparentes, hasta los pacientes con síndrome
metabólico, hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 2, entre otras. La
comprensión de los mecanismos de asociación de la obesidad y el síndrome
metabólico como condición que incrementa el riesgo de mortalidad no están bien
establecidos y su estudio abre nuevas posibilidades de tratamiento de la
obesidad y sus repercusiones. El objetivo es proveer información actualizada
sobre las repercusiones metabólicas de la disfunción del tejido adiposo en
pacientes con obesidad.
Tejido adiposo (funciones y estructura)
El tejido adiposo es un órgano endocrino con
múltiples funciones, las cuales ejerce a través de una gran variedad de
hormonas y citocinas denominadas adipocinas que sirven de mediadores entre el
tejido adiposo y los órganos adyacentes y a distancia como el endotelio,
hígado, músculo, páncreas, glándulas suprarrenales y sistema nervioso. Dentro
de sus funciones mantiene el balance energético a largo plazo, participa en la
termorregulación, en el metabolismo de los lípidos y de la glucosa, además de
modular la función hormonal y la reproducción. También participa en la
regulación de la presión arterial, en la coagulación sanguínea y en condiciones
de alteración funcional contribuye a la inflamación sub-clínica crónica y al
estrés oxidativo crónico asociados a la obesidad.1,2
En los mamíferos, el tejido adiposo de acuerdo
al aspecto y características de las células grasas que lo forman se ha divido
en blanco y pardo.3
El tejido pardo con un alto contenido de
mitocondrias tiene como principal función la termorregulación, en cambio el
tejido blanco sirve como reservorio energético y es utilizado en situaciones de
desbalance energético. Esta última función del tejido adiposo era la única
reconocida hasta el descubrimiento de las adipocinas y la clasificación del
tejido adiposo como órgano endócrino.3
El tejido adiposo está compuesto por:
adipocitos (50%), pre-adipocitos, células del sistema inmune, del sistema
nervioso, matriz extracelular y vasos sanguíneos (en conjunto el restante
50%),4,5 es esencial para la vida y en extremos de abundancia (obesidad) o
falta del mismo (lipodistrofia) se provocan alteraciones metabólicas
significativas (resistencia a la insulina, diabetes y dislipidemia) y se
incrementa el riesgo de mortalidad;5 de esta manera se vuelve relevante el
estudio de sus funciones y de la alteración de las mismas como posible
mecanismo responsable de las complicaciones cardiovasculares asociadas a la
obesidad.
Obesidad y alteración funcional del tejido
adiposo
La obesidad se caracteriza por el exceso de
tejido adiposo corporal, tiene una alta prevalencia mundial y nacional
(aproximadamente 500 millones de personas con obesidad en el mundo y sobre 30%
de la población adulta mexicana). Esta condición incrementa el riesgo de
mortalidad por enfermedad cardiovascular, genera pérdida en la calidad y
expectativa de vida en quien la padece y elevados gastos en salud pública.
Además, el riesgo de presentar hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 2
(DM2), algunos tipos de cáncer, apnea del sueño, dislipidemias, osteoartritis,
eventos vasculares cerebrales, colelitiasis, entre otras enfermedades, está
elevado en individuos con obesidad comparados con sujetos con índice de masa
corporal (IMC) normal.6-9
A pesar del aumento en la prevalencia de la
obesidad y sus repercusiones, no se conocen con precisión los mecanismos
moleculares mediante los cuales la obesidad desencadena el daño cardiovascular
en los individuos que la padecen. Sin embargo, el papel de los adipocitos es
primordial en este fenómeno.5,9
Las funciones del tejido adiposo se modifican
a medida que los adipocitos aumentan de tamaño en relación directa con el grado
de obesidad. En sujetos con peso normal, los adipocitos pequeños participan en
la homeostasis metabólica principalmente en el balance energético, en el
metabolismo de los lípidos, en la termorregulación y en la función hormonal.
Sin embargo, en la obesidad cuando el tejido adiposo se hipertrofia y predomina
su acúmulo central o visceral en el organismo, esta hipertrofia está asociada a
dislipidemia, resistencia a la insulina, hipertensión arterial, aterogénesis y
síndrome metabólico, condicionando un incremento en la morbi-mortalidad de los
individuos obesos con dichas características.9-13
La alteración funcional de los adipocitos
representa un factor crítico en los individuos con exceso de tejido adiposo
para la aparición de las comorbilidades de la obesidad antes mencionadas.5,9,14
Los mecanismos fisiopatológicos necesarios para que se presente dicha
alteración son complejos e interactúan tanto factores genéticos como
ambientales. Sin embargo, tres eventos comunes son relevantes: 1. ¿Cómo se
almacena el tejido adiposo? (hipertrofia vs. hiperplasia), 2. ¿Dónde se
almacena el tejido adiposo? (subcutáneo vs. visceral) y 3. La comunicación de
los adipocitos con diversos órganos a distancia.5
El aumento del tejido adiposo per se no es
suficiente para alterar la función metabólica del individuo; es necesario que
éste se deposite visceralmente y que su incremento se lleve a cabo
principalmente por hipertrofia. De manera que la distribución del tejido
adiposo (subcutáneo vs. visceral) y la forma de incrementar dichos depósitos
(hipertrofia vs. hiperplasia) son más importantes que la cantidad total de
grasa que tenga un individuo para determinar su riesgo cardiovascular.9,5,11,12
1. ¿Cómo se almacena el tejido adiposo
(hipertrofia vs. hiperplasia)?
En periodos de sobre alimentación el adipocito
del humano adulto puede presentar la capacidad tanto de aumentar el tamaño de
las células adiposas existentes (hipertrofia), como la de generar nuevos
adipocitos maduros a partir de pre-adipocitos (hiperplasia), con el fin de
almacenar el exceso de energía en forma de triglicéridos. Este último proceso,
denominado adipogénesis, consta de dos etapas: I. Proliferación: que consiste
en la creación de nuevos adipocitos a partir de pre-adipocitos y II.
Diferenciación: que consiste en la madurez de los nuevos adipocitos, los cuales
presentan la capacidad de secretar adipocinas y la capacidad de lipogénesis.5
Inicialmente existe una hipertrofia del adipocito para almacenar el exceso de
energía, esto sirve de estímulo para iniciar la adipogénesis y la hiperplasia
para mantener la función normal del tejido adiposo. El aumento en el número de
nuevos adipocitos funcionales pequeños (hiperplasia), incrementa la capacidad
del tejido adiposo para almacenar el excedente energético y mantener un estado
metabólico estable.5
Sin embargo, si el depósito energético se
genera mediante la hipertrofia de los adipocitos existentes, el crecimiento
excesivo del tejido adiposo, aunado al balance energético positivo permanente,
trae como consecuencia una sobrecarga metabólica de los mecanismos intracelulares
(oxidación de sustratos energéticos y síntesis de proteínas) y extracelulares
del adipocito (expansión de matriz extracelular y angiogénesis), volviéndolos
incapaces de cumplir con las demandas metabólicas, lo que provoca alteraciones
funciones tales como:5,9,14
1. Deficiencias en la producción energética y
en la síntesis de proteínas, induciendo la activación de una respuesta
inflamatoria intracelular, mediante vías de señalización como el factor nuclear
NFkB y la sobreproducción de especies reactivas por activación de enzimas como
la NADPH oxidasa, causando un estado de estrés oxidativo e inflamación.5,9,14
2. Pérdida en la regulación de la síntesis de
adipocinas, incrementando las citocinas proinflamatorias tales como: factor de
necrosis tumoral alfa (TNFα), interleucina 6 (IL-6), el inhibidor del activador
del plasminógeno 1 (PAI-1), la proteína quimioatrayente de monocitos 1 (MCP-1);
además disminución de adiponectina (adipocina anti-inflamatoria y
anti-aterogénica) y reclutamiento de células inflamatorias al interior del
tejido adiposo, lo que incrementa la secreción de citocinas proinflamatorias y
la generación de especies reactivas.9,13,14 Estos eventos contribuyen al estado
de estrés oxidativo e inflamación subclínica crónica que está presente en el
paciente con obesidad (Figura 1).
Figura 1. Esquema general de las consecuencias
de la forma y el sitio de almacén del incremento del tejido adiposo.
Cualquier fenómeno que afecte la proliferación
o diferenciación e impida la hiperplasia, genera hipertrofia como mecanismo de
almacén del exceso de energía. Un ejemplo es el efecto de los glucocorticoides
que estimulan la diferenciación de los adipocitos existentes en especial del
tejido adiposo visceral y disminuyen la proliferación del tejido adiposo
subcutáneo, estos cambios están asociados con hipertrofia y disfunción de los
adipocitos, hipertensión, dislipidemia y DM2, encontrados comúnmente en la
hipercortisolemia.5
También la hipertrofia de los adipocitos está
asociada a la DM2, a la resistencia muscular a la insulina, al aumento de los
factores inflamatorios en sangre y disminución de factores anti-inflamatorios,
además los pacientes con DM2 tienen adipocitos de mayor tamaño comparados con
sujetos con igual índice de masa corporal, pero sin diabetes.5,9,14-17
2. ¿Dónde se almacena la grasa? (subcutánea
vs. visceral)
La distribución del tejido adiposo es un
factor reconocido de incremento en el riesgo cardiovascular. Individuos con
distribución central o visceral de la obesidad presentan mayor riesgo de
mortalidad general, mayor riesgo de padecer enfermedad arterial coronaria, DM2,
hipertensión y dislipidemia comparados con aquellos con distribución periférica
o subcutánea de la obesidad. En pacientes con cantidades similares de tejido
adiposo corporal total (medidas mediante el índice de masa corporal o
porcentaje de grasa), la diferencia en las alteraciones metabólicas la
establece la cantidad de tejido adiposo visceral de cada individuo (a mayor
cantidad de grasa visceral, mayor alteración metabólica).13,18-20 Aún en
sujetos con índice de masa corporal dentro de rangos saludables, el poseer una
circunferencia de cintura mayor de 88 cm en mujeres o 102 cm en hombres,
representa un riesgo mayor de mortalidad comparados con individuos con IMC
normal y circunferencia de cintura normal.21
También se han encontrado en pacientes con
diabetes una menor cantidad de adipocitos subcutáneos comparados con sujetos
con similar IMC, pero sin diabetes.20 Estos datos resaltan la importancia del
sitio de distribución y la alteración funcional del tejido adiposo en el
incremento el riesgo cardiovascular asociado a la obesidad (Figura 2).
Figura 2. Esquema de la alteración funcional
del adipocito hipertrófico.
Las diferencias en la función y actividad
metabólica de ambos sitios de depósito de tejido adiposo explican parte del
incremento del riesgo cardiovascular antes mencionado. El tejido adiposo
subcutáneo es un sitio de depósito fisiológico para el excedente energético en
ambientes de balance positivo de energía. Al compararlo con el tejido adiposo
visceral el tejido adiposo subcutáneo, presenta mayor capacidad para absorber
ácidos grasos libres y triglicéridos, es más sensible a la insulina y contiene
adipocitos con mayor capacidad de diferenciación. Algunos autores consideran
que el incremento patológico del tejido adiposo visceral funciona como un sitio
ectópico de almacén de grasa corporal, tal como sucede con el músculo y el
hígado, agregándolo al fenómeno de lipotoxicidad. Además, existe evidencia de
que los depósitos de grasa visceral aumenten a consecuencia de rebasar el
umbral de almacenamiento de energía del tejido adiposo subcutáneo.9,5,13
En el tejido adiposo visceral existe mayor
actividad lipolítica, mayor producción y expresión genética de interleucina 6
(IL-6), angiotensinógeno, TNF-a, adiponectina y factor quimiotáctico de
monocitos, así como mayor número de receptores a glucocorticoides y andrógenos,
mayor acceso a la circulación portal, además de menor capacidad de almacén de
ácidos grasos libres postprandiales, menor capacidad de diferenciación de
pre-adipocitos con células con mayor predisposición a hipertrofia y menor
producción de leptina. Por lo tanto, el tejido adiposo visceral contiene
adipocitos con menor sensibilidad a la insulina, con mayor liberación de ácidos
grasos a la circulación, mayor producción de citocinas pro-inflamatorias y
radicales libres los cuales pasan directamente hacia el hígado con las consecuencias
metabólicas que de ahí se derivan.2,5,9-11,13
Los factores de riesgo cardiovascular
asociados al acúmulo de grasa visceral son: hiperinsulinemia y resistencia a la
insulina, microalbuminuria, ateroesclerosis prematura, partículas de LDL con
mayor susceptibilidad a oxidación, disminución y alteración funcional de las
partículas de HDL, aumento en la concentración de triglicéridos, de
fibrinógeno, de la producción del inhibidor del activador del plasminógeno, de
la proteína C reactiva, de TNFα, IL-6, de la viscosidad sanguínea e hipertrofia
ventricular cardiaca5,10-12,22,23 Lo anterior contribuye a la aparición del
síndrome metabólico con un estado proinflamatorio, pro-aterogénico y
pro-trombótico a consecuencia del incremento del tejido adiposo visceral y
remarca la importancia de la obesidad central o visceral como eje del síndrome
metabólico.
3. Comunicación del tejido adiposo con otros
órganos a distancia
Un tercer evento de importancia mediante la
cual el tejido adiposo con alteraciones funcionales (especialmente el visceral)
genera finalmente el daño cardiovascular asociado se debe a tres vías de
comunicación con órganos adyacentes y a distancia:5,9,12
1. Liberación de ácidos grasos libres y
adipocinas hacia el hígado y otros órganos con la consecuente hiperglucemia,
dislipidemia y resistencia a la insulina.
2. La producción de adipocinas y el estado de
estrés oxidativo crónico e inflamación subclínica crónica.
3. Acumulación ectópica de lípidos en diversos
órganos (lipotoxicidad) con la consecuente disfunción orgánica, entrando en
juego la susceptibilidad genética de dichos órganos (tejido adiposo adyacente,
sistema nervioso, hígado, músculo, páncreas, corazón y vasos sanguíneos).
El acúmulo excesivo de grasa corporal,
principalmente en la región abdominal, se ha asociado con un estado de estrés
oxidativo (sobreproducción de especies reactivas y disminución de las defensas
antioxidantes) e inflamación subclínica crónica. En general a mayor nivel de
índice de masa corporal (IMC) y circunferencia de cintura (CC) mayor es el
nivel de marcadores inflamatorios y de estrés oxidativo tanto en hombres como
en mujeres.24-26
El acúmulo excesivo de grasa corporal,
principalmente en la región abdominal, se ha asociado con un
estado de estrés oxidativo (sobreproducción de especies reactivas y disminución
de las defensas antioxidantes) e inflamación subclínica crónica. En general a mayor
nivel de índice de masa corporal (IMC) y circunferencia de cintura (CC) mayor
es el nivel de marcadores inflamatorios y de estrés oxidativo tanto en hombres
como en mujeres.24-26
La combinación de estos tres fenómenos
(acúmulo visceral, hipertrofia y comunicación del tejido adiposo con otros
órganos) conlleva a las múltiples comorbilidades de la obesidad abdominal
(Figura 3).
Figura 3. Mecanismos de disfunción del tejido
adiposo y su repercusión metabólica (3° cuadro gris; las consecuencias
metabólicas).
Resistencia a la insulina y diabetes mellitus
tipo 2: La activación de factores nucleares que desencadenan inflamación, la
producción excesiva de radicales libres, la falla en la capacidad de oxidación
mitocondrial y de la producción de ATP, así como el daño al retículo
endoplásmico intracelular en el adipocito, hígado, músculo y páncreas, provocado
tanto por los niveles circulantes plasmáticos de ácidos grasos como por las
citocinas derivadas del tejido adiposo y el acúmulo ectópico de lípidos en
dichos órganos, condicionan alteraciones en la señalización de la insulina y la
consecuente resistencia a su acción.27,28
Debido al incremento en la producción de
glucosa por el hígado, el páncreas inicialmente se estimula ante la
hiperglucemia para secretar mayores cantidades de insulina (generando
hiperinsulinemia); sin embargo, a largo plazo (en individuos susceptibles) este
estado de estrés oxidativo crónico e inflamación provoca deficiencia en la
producción de insulina en las células pancreáticas con apoptosis de las mismas
condicionando la aparición de DM2.27,28 Las sustancias derivadas del adipocito
que han sido asociadas a la resistencia a la insulina y a la diabetes son:
TNF-α, PAI-1, Proteína de unión del retinol 4 (RBP-4), adiponectina, resistina,
ácidos grasos libres, IL-6, el número de macrófagos dentro del tejido adiposo y
los niveles de cortisol.27
La obesidad está claramente asociada a la DM2,
hasta 90% de los pacientes con este padecimiento presentan al menos sobrepeso.
Al comparar individuos con obesidad con aquellos con IMC normal el riesgo para
presentar diabetes es 12.4 veces más alto en mujeres y 6.7 veces más alto en
hombres. De igual forma la diabetes se asocia a una elevación de marcadores
sanguíneos de estrés oxidativo e inflamación comparados con sujetos con IMC
normal.29-31
Disfunción y daño del endotelio vascular: El
riesgo de enfermedad arterial coronaria se eleva tres veces en mujeres con
obesidad comparadas con mujeres que presentan un IMC normal.30 La obesidad se
acompaña de disminución en la capacidad de vasodilatación, ateroesclerosis,
alteraciones en la coagulación sanguínea e hipertensión arterial. Los posibles
mecanismos son: sobreproducción de factores inflamatorios y disminución de
adiponectina (anti-inflamatorio), disminución en la biodisponibilidad de óxido
nítrico y producción de peroxinitritos y la consiguiente reducción en la
respuesta de vasodilatación del músculo liso vascular, oxidación de LDL,
estimulación la síntesis y depósito de colágeno, engrosamiento de la pared
vascular, vasoconstricción y estado protrombótico.32-35
Las partículas pequeñas y densas de LDL actúan
como estímulo aterogénico al oxidarse, penetrar el endotelio vascular y
provocar disminución en la producción del óxido nítrico, quimiotaxis de
monocitos y su transformación macrófagos en el endotelio vascular, formación de
células espumosas, incremento de la respuesta inflamatoria y de la producción
de especies reactivas, proliferación de células musculares lisas y agregación
plaquetaria en el endotelio. Todos estos fenómenos participan en el proceso de
aterogénesis.29,34 Aunado a esto la acción de la insulina (en estados de
hiperinsulinemia) puede funcionar como factor de crecimiento tisular,
pro-trombótico y proaterogénico al activar vías de señalización intracelular
que participan en la respuesta vascular, migración de monocitos, macrófagos y células
musculares lisas, producción de endotelina-1 e inhibidor del activador del
plasminógeno 1.36
Hipertensión arterial: La participación del
tejido adiposo se da a distintos niveles, secreta angiotiensinógeno e
incrementa la función del sistema renina angiotensina aldosterona (con aumento
del volumen plasmático e incremento de la resistencias vasculares), el estado
de estrés oxidativo y la inflamación subclínica crónica provocan disminución de
la biodisponibilidad de óxido nítrico e incremento de los peroxinitritos y la
consiguiente vasoconstricción periférica, además de la activación del sistema
nervioso simpático. La IL-6 y moléculas de adhesión celular se han asociado a
los niveles de presión arterial sistólica y diastólica. Comparados con sujetos
con IMC normal los individuos con obesidad presentan niveles mayores de renina,
de angiotensinógeno, de enzima convertidora de angiotensina, de aldosterona,
mayor actividad del sistema nervioso simpático y menores niveles de
adiponectina, cuya concentración en sangre se asocia inversamente con la
posibilidad de padecer hipertensión arterial.
Otros factores de la obesidad asociados a la
hipertensión arterial son: el aumento del gasto cardiaco, de la presión
intratorácica, el daño renal (glomerulopatía), el aumento en los ácidos grasos
libres circulantes los cuales están asociados a un incremento de actividad del
sistema nervioso simpático, así como a la producción excesiva de especies
reactivas que llevan a la disfunción endotelial.37-39
La hipertensión es seis veces más frecuente en
individuos con obesidad comparados con individuos con IMC normal. Hasta 79% en
hombres y 65% mujeres de la hipertensión arterial puede atribuirse a la
obesidad. El riesgo de presentar hipertensión arterial se incrementa a medida
que el IMC aumenta; de 15% para hombres con IMC ≤25 kg/m2 hasta 38% para
individuos con IMC >30 kg/m2 y en mujeres el riesgo se incrementa de 15%
para personas con IMC <25 hasta 42% para mujeres con un IMC >30. Por cada
10 kg de ganancia de peso la presión arterial sistólica aumenta 3 mmHg y la
presión arterial diastólica 2.3 mmHg. Esto se traduce en un incremento en el
riesgo de 12% para enfermedad arterial coronaria y de 24% para evento vascular
cerebral.29,37 La apnea obstructiva del sueño (AOS) puede también asociarse a
la hipertensión arterial (hasta 60% de los pacientes hipertensos padecen AOS),
estos pacientes presentan incrementos en la actividad del sistema nervioso
simpático, del sistema renina angiotensina aldosterona y disminución del
control barorreceptor de la presión arterial.37-39
Dislipidemia: Las características de la
dislipidemia asociada a la obesidad central son: hipertrigliceridemia,
incremento en las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y descenso de los
niveles de lipoproteínas de alta densidad (HDL). A nivel hepático el estado de
estrés oxidativo, la inflamación subclínica crónica y el flujo de ácidos grasos
provenientes del tejido adiposo visceral produce incremento en la síntesis
triglicéridos y de las lipoproteínas de muy baja densidad que lo transportan
(VLDL). Existe además una disminución en la depuración de las VLDL y una
alteración en la conformación de las lipoproteínas de alta densidad, con mayor
susceptibilidad a su depuración por acción de la lipasa hepática
(sobre-expresadas en estados resistencia a la insulina hepática) y el
consiguiente descenso en niveles sanguíneo. Además, las LDL son más densas,
pequeñas y con mayor susceptibilidad de oxidarse.32,40,41
Conclusiones
La complejidad de la función del tejido
adiposo, de los mecanismos que controlan la adipogénesis en condiciones de
sobrealimentación, la secreción de adipocinas, la interacción de las mismas con
otros órganos, la participación de factores genéticos y ambientales que
modifican la susceptibilidad del tejido adiposo y de diversos órganos para su
alteración funcional, aún representan campos de intensa investigación para
explicar la diversidad de patologías que pueden presentarse en individuos con
obesidad. Desde individuos con IMC elevado sin aparente repercusión metabólica
hasta individuos con IMC normal con trastornos severos del metabolismo, la
disfunción del adipocito representa un fenómeno determinante, el predominio de
la hipertrofia vs. la hiperplasia, el acúmulo primordial en la zona central del
cuerpo (área visceral vs. subcutánea, tronco vs. extremidades inferiores), el
flujo de ácidos grasos y adipocinas del tejido adiposo visceral al hígado y la
acumulación ectópica de dichos ácidos grasos en diversos órganos (músculo,
corazón, páncreas, vasos sanguíneos e hígado) y la consiguiente disfunción de
dichos órganos, son fenómenos que interactúan y dan luz a la explicación de los
distintos escenarios presentes en la obesidad y sus repercusiones como la
resistencia a la insulina, la DM2, la disfunción endotelial y el síndrome
metabólico.
A pesar de la importancia de todos estos
descubrimientos en la fisiopatología de la enfermedad, aún queda largo camino
por recorrer, sobre todo en términos de traducir dichos descubrimientos a la
práctica clínica, en donde intervienen otros factores al menos de igual
importancia como la adherencia al tratamiento, las barreras socioculturales,
los aspectos psicológicos asociados a la obesidad y al cambio de estilo de vida
necesario para combatir enfermedades crónico-degenerativas. La prevalencia de
la obesidad y sus repercusiones siguen en aumento y los tratamientos no parecen
ser efectivos a largo plazo. Sin embargo, los avances en la fisiología y
fisiopatología del tejido adiposo abren nuevas expectativas en la comprensión
del fenómeno de la obesidad y sus repercusiones sobre la salud, así como nuevas
estrategias terapéuticas.
Muchos de los efectos benéficos de la
actividad física y de la alimentación balanceada en el tratamiento de la
obesidad ahora se sabe se deben al contrarrestar algunas de las consecuencias
de la alteración funcional del tejido adiposo, en particular a la inflamación
subclínica crónica y el estado de estrés oxidativo, ya sea al disminuir la
cantidad de tejido adiposo visceral y por lo tanto la secreción de dichas adipocinas,
así como en mejorar los sistemas antioxidantes endógenos, incrementar la
biodisponibilidad del oxido nítrico, mejorar el perfil de lípidos, incrementar
la sensibilidad a la insulina, disminuir la producción de especies reactivas,
etc. Los avances en la fisiopatología de la alteración funcional del tejido
adiposo, pueden llevar a la comprensión y el diagnóstico temprano en fases
preclínicas y de esta manera establecer tratamientos que eviten la evolución
crónica hacia enfermedades antes mencionadas.
Correspondencia: José Rolando Flores Lázaro.
Universidad Nacional Autónoma de México.
Teléfono: 5622 0540.
Correo electrónico:rolomd2000@yahoo.com.mx
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Revista Médica del Hospital General de México
Consecuencias
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obesidad | Revista Médica del Hospital General de México
Tomado
de: https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medica-del-hospital-general-325-articulo-consecuencias-metabolicas-alteracion-funcional-del-X0185106311356353